sábado, 12 de enero de 2008

Apoya a ZNet

Ya he hablado antes de ZNet, un portal de noticias y columnas de opinión donde puede uno leer lo que no sale en las noticias de siempre. Allí se pueden leer, por ejemplo, artículos de Noah Chomsky o Robert Fisk, de fama internacional, así como otros escritores más locales, gracias a los que puede uno mantenerse razonablemente informado de lo que pasa en el mundo (aunque la temática es más bien de izquierda, en general los artículos que aparecen allí están muy bien documentados, con referencias y demás).

Ahora tienen una campaña de financiación, pues están acualizando servidores y demás. Sería una pena que por no conseguir los fondos tuvieran que disminuir sus actividades. Así que visita el sitio (tiene una sección en español entre otros idiomas), lee un par de artículos que te parezcan interesantes, y plantéate colaborar con la cantidad que quieras (sí, ya sé, si no es tanto los cinco euros de marras como el ponerse a dar dinero por internet...)

miércoles, 9 de enero de 2008

Burocracia española

Me pasó algo estas vacaciones que me apetece contar. La historia empieza hace un par de meses, cuando me doy cuenta de que tengo el DNI caducado. Así que me dispuse a aprovechar la visita a Madrid para sacarme el nuevo DNI que dan ahora.

Ya me habían dicho que suele haber mucha cola (dan números por la mañana y siempre se queda gente fuera) así que fui un día por la mañana, sin madrugar, a preguntar. Estaba cerrado, y no ponía qué días abrían en vacaciones... un policía de guardia me dijo que abrían a las nueve pero que viniera antes a por número.


Como no parecía fácil pensé en no sacármelo, después de todo en Austria me manejo con el pasaporte (y apenas lo necesito). De todas formas, el miércoles 2 de enero madrugué y llegué a la comisaría a las 7:45.¡Y ya había una cola bien larga! Los dos tipos delante de mí se quejaban de que ya habían venido otros días y se habían quedado sin número (por lo visto, en verano es muchísimo peor). Como me quedaba una hora por delante, saqué mi cámara, salí fuera y grabé un vídeo de la cola. Luego pregunté a un policía cómo podía hacer para quejarme por escrito, y fui a la parte de la comisaría donde se ponen las denuncias. Allí me dieron un formulario que me puse a rellenar, quejándome de que el servicio fuera tan escaso sabiendo la mucha gente que viene (por lo visto llevan así meses). Aproveché para predicar un poco, enseñando el papel a los vecinos de cola, a ver si alguien quería quejarse más en serio, pero nada. Mientras estaba rellenando, otro policía empezó a repartir números, así que volví a la cola, y me tocó el último que dieron, el 65 (había al menos quince personas más detrás de mí, más las muchas que fueron viniendo durante el día, que se quedaron sin número). Me dijeron que me pasara a partir de mediodía, que antes seguro que no me tocaba. Como me quería ir a Madrid y no perder toda la mañana, acabé la queja (el policía que la cogió me dijo que hacía bien), y me fui a casa dispuesto a olvidarme del tema.

El caso es que el día siguiente me despertó mi padre porque él había ido a buscarme un número. Le dieron el 23, con lo que yo tenía que estar por allí a partir de las diez. Además, resultó que no habían atendido a todos el día anterior, me habría quedado fuera si hubiera esperado (dieron números nuevos a esos).

Al llegar allí, había gente en la calle (con frío y lluvia) porque sólo dejaban entrar a la sala de espera de diez en diez personas. Pronto me tocó entrar, a una sala llena de gente. Seis personas atendían DNIs, pasaportes y extranjería (pero había dos ordenadores vacíos). También noté que había dos máquinas, con pinta de cajeros automáticos, que servían para renovar los nuevos DNIs (pero casi nadie los tiene todavía...). El policía que daba los números estaba dentro controlando, resultó ser un tipo un tanto gruñón y de malas maneras: cuando alguien se quejó del frío afuera, contestó "sí, yo también tengo frío". E insistía a la gente para que buscara un sitio para sentarse, porque si nos veía el jefe de pie le echaba la bronca. Yo no pude callarme y le contesté levantando la voz desde lejos un par de veces. Me cabreó bastante la situación.

Un rato después el policía se fue un rato, y yo salí a la puerta a decirles a los de fuera que, si yo fuera ellos, entraría ahora y dejaría de pasar frío sin motivo. Nadie me hizo caso, supongo que es comprensible no querer arriesgarse a que se te enfade un policía. Por fin me tocó, y mientras esperábamos a que la máquina metiera la información en el chip le pregunté a la funcionaria si ellos tenían alguna manera de quejarse (a ellos les toca aguantar los cabreos de los clientes). Me dijo que lo hacían todos los días, pero como Alcorcón está en la periferia, por allí no se pasa nadie (creo que se refería a sindicatos pero no lo sé seguro).

Cuando me iba, me acerqué al policía y le pregunté el nombre de su jefe, porque él era el que no quería demasiada gente en la sala de espera. No me lo dijo, se dedicó a darme largas. Insistí pero nada, me planteé por un segundo preguntarle su propio nombre para ver si le metía presión por no ayudarme, pero pasé del tema.

Mientras volvíamos a casa, yo me sentía derrotado; el día anterior había puesto una queja al menos, pero esta vez no había podido hacer nada: ni hacer constar mis quejas (por lo visto reciben una docena todos los días), ni sacarle nada al policía, ni movilizar un poco a la gente, ni nada. Hablando con mi padre, que me contó muchas otras historias parecidas, me di cuenta de que no podía haber hecho nada más: me quejé, pregunté, me encaré un poco, aconsejé a la gente (intento de motín)... hace falta un poco de esfuerzo por parte de mucha gente, y llevará tiempo cambiar incluso cosas pequeñas; y nunca puede uno hacer mucho él solo.

De vuelta en Austria, me alegro de haber hecho lo que hice aunque no cambiara nada. Más práctica por si en el futuro me meto en más cosas así, que seguro que lo haré.

lunes, 7 de enero de 2008

Nuevo año

Con esto de las vacaciones no he podido escribir. He tenido muchas cosas que contar, que ya irán saliendo (espero).

Estas dos semanas en España han estado muy bien pero han sido bastante cansadas. No hemos parado con tanto visitar gente y sitios... ahora estamos de vueta a la rutina, cosa que cuesta un poco después de estar con tantos amigos (y encima ya estábamos acostumbrados a tener a Fernando aquí y se le echa de menos).

No he hecho muchos propósitos para el 2008, lo de siempre: hacer más ejercicio, organizar mejor mi tiempo y cosas así. Y ya he empezado a hacerlo (lo segundo), en casa y en el trabajo noto las nuevas energías que he recargado. Ganas de hacer cosas y energías positivas... ¡a ver si se notan en el blog!

PD: ayer me echaron los Reyes Magos un DVD que se llama The art of piano, tiene buena pinta y seguro que me da el empujón que necesito para volver a practicar, que el pobre piano me echa de menos, lo noto...

martes, 25 de diciembre de 2007

Pasado y presente

Siempre vale la pena volver a visitar nuestro pasado de vez en cuando para aprender algo más sobre nosotros mismos. Esta vez Rana me acompaña... la persona que tanto me conoce, ese espejo en el que me veo a mí mismo, también refleja esta vez esa mezcla de pasado y presente; porque cuando uno vuelve, lo hace al que era antes, en mayor o menor medida, pero yo ahora veo todo desde los ojos del que soy a la vez de los ojos del que era. Ese piso pequeño y acogedor, con suficiente gente para llamarlo lleno, pero que esta vez rebosa energía positiva en vez de agobios; amigos de siempre, a los que uno siempre vuelve como durante toda la vida, y que conocen por fin a tu mujer, uniendo en un momento mágico el que eras y el que eres. Sitios que por los que podrías ir con los ojos cerrados se vuelven lugares por descubrir.

viernes, 21 de diciembre de 2007

"Mi" película

Las casualidades de la vida.

Hoy estrenan en España Alvin y las ardillas. Es la historia de tres ardillas cantantes, y el tipo que las cuida, que se llama... David Sevilla (supongo que lo pondrán en inglés, David Seville). Nunca pensé que mis quince minutos de fama se los llevaría de calle un tocayo mío. Ni que decir tiene que no voy a ir a verla, aparte de que será otro bodrio ruidoso más ya me veo todos los días en el espejo.

Por cierto, mi alter ego lo interpreta el actor Jason Lee, conocidillo de películas típicas de Hollywood pero al que casualmente veo estos días con gusto, en la serie Mi nombre es Earl (que os recomiendo).